TRES IMÁGENES Y UNA REFLEXIÓN
(A propósito de los sucesos acontecidos en el Poniente Almeriense)
Tras
unas jornadas en que los fotógrafos de prensa de la ciudad han
superado con creces la prueba de pasar de la cómoda y aburrida
rueda de prensa por la refriega en campo abierto al más puro
estilo del clásico reportero de prensa, y puesto que, sin duda
alguna, se impone reflexionar, que mejor forma que de hacerlo sobre
una imagen.
De
todas las aterradoras y dantescas imágenes que han desfilado ante nuestros
ojos, en un intento de representación y resumen de la barbarie producida
en El Ejido, quizás ha habido una imagen que podríamos calificar
como la más impactante y tremebunda de todas.
Se
trata de un documento publicado en “La Voz de Almería “y
firmado por Carlos Barba, en que aparece un camión transportando en
su cajón a grupos de personas enajenadas esgrimiendo y mostrando al
viento los más variopintos tipos de armas y objetos contundentes.
Lo
verdaderamente importante de esta imagen es la capacidad de proponer una misma
interpretación y discurso pero rememorando distintas épocas o
acontecimientos según una escala generacional.
A
Fernando Díaz, persona de más de 70 años, esta imagen
le recuerda y trae a la memoria sus impresiones de niñez del inicio
de la Guerra Civil. El alboroto, la locura colectiva desatada en 1936 y cuyos
primeros indicio de la misma, para é, fueron la circulación de
camiones cargados de vociferante personal armado con lo que podían y
tenían a mano.
Para
Antonio Sevillano, sobre 50 años, su asociación de ideas no coincide
con la Guerra Civil, sino con los hechos acontecidos en el Sahara en 1975,
paralelamente al ocaso de la dictadura y conocidos como La Marcha Verde. Los
crispados rostros de personas transportadas en camiones en una suerte de peregrinación
marcada por la locura y el delirio.
A
mí, 35 años y que no viví ninguno de los acontecimientos
anteriores, el primero por razones obvias y el segundo por la inconsciencia
de estar más preocupado por mi “siwng” a las canicas que
de la política exterior. Las imágenes y sensaciones que acumulo
de esos momentos son gracias al trabajo de fotógrafos como Agustí Centelles
(por cierto, magnífico libro de la colección PhotoBolsillo el
publicado sobre este autor), o del mismísimo Robert Capa en el caso
de la Guerra Civil y a la labor realizada por Xavier Miserachs durante el conflicto
saharaui.
En
la mente de mi generación se relacionan los hechos actuales con las
batidas segregacionistas y miembros del Ku-Kus-Klan en los Estados Unidos.
Hechos que no hemos vividos directamente, pero que hemos conocido y asimilado
a través de la televisión y por su recreación e la gran
pantalla.
Lo
vivimos por medio de una memoria importada, como una experiencia virtual.
El
cine también nos enseña y presta memoria, todos hemos visto,
por ejemplo, como se besa en una película mucho antes de llegar a hacerlo
nosotros mismos, es algo que nunca hemos realizado pero que conocemos, no necesitamos
aprenderlo. ¿Se sabrían besar en su primera cita las parejas
antes de la llegada del cinematógrafo?
Todos
hemos aprendido a romper el bloqueo de un volante a un “buga” viendo
hacerlo una y otra vez al “Torete” y al “Vaquilla”.
Probablemente los que patrullaban en camiones por El Ejido, lo hacían
con una memoria prestada de películas como “Arde Mississippi” de
Alan Parker y protagonizada por Gene Hackman, Willem Dafoe y Frances MacDormanq,
donde se mostraban imágenes de camiones cargados de “cazanegros” sembrando
el terror en la calle.
Ahora
cabría preguntarles a estos aprendices virtuales de sudistas, si la
sensación posterior que les queda es igual de frustrante que la de intentar
emular una cinta porno. Por mucho que lo intentes el cine es solo cine.
Antonio
Jesús García
(Publicado en Mayo de 2000 en el nº 8 del Cuaderno de Fotografía
Indalo Foto)