LA FOTO ES INOCENTE
Ya
se murió el burro de la Tía Vinagre. No sé si
este canto popular de la resistencia antifranquista, popularizado por
Quilapayún en la década de los setenta se coreó en
las calles de Santiago durante las exequias fúnebres por Augusto
Pinochez, pero si que me ha llamado la atención un curioso detalle.Al
tiempo que unos cantaban y brindaban y otros hacían varias horas
de cola para dispensar un último adiós, tanto unos como
otros enarbolaban abundante parafernalia iconográfica. Ambos
bandos, al que seguía siendo su general y el que le tachaban
de asesino, acompañaban sus cánticos con la exhibición
pública de retratos fotográficos del difunto.
Para
unos la imagen es a color, amable, respetuosa, distinguido con una colorista
banda con los tonos del estandarte chileno, con aire gallardo y en el papel
de líder. Para otros la imagen es en blanco y negro, dura, contrastada,
resaltando el uniforme militar y sus correajes, unas gafas de montura negra
y su característico bigote, confiriéndole un aspecto aterrador.La
primera recuerda a la realizada en 1933 por Henric Hoffman y titulada “Hitler,
canciller de Reich”. En septiembre de 1923 un desconocido Adolf Hitler
entra en el estudio fotográfico Hoffman en la calle Schelling de Múnich.
A lo largo de veinte sesiones Hitler construye su imagen: vestuario, peinado,
expresión del rostro, etc, todo está ensayado minuciosamente
y el punto culminante de la amistad Hoffman-Hitler es la sesión del
33.
Para
el historiador Rudolf Herz “Hitler era muy torpe y no sabía
sacarse partido. Lo aprendió todo de Hoffman”. Las dictaduras
basan su poder en el culto al jefe, de ahí la importancia del
retrato.Este tipo de retrato a la más pura tradición
prusiana crea escuela en estos personajes de “bigotito” (Adolf,
Francisco, Augusto,…). En mayo de 1945 Hoffman es arrestado
por los aliados, sus negativos son utilizados como pruebas de cargo
contra algunas personalidades en el juicio de Núrenberg, donde
el mismo Hoffman es considerado culpable en la categoría nº1
(la misma que la de los principales responsables nazis), según
el jurado porque “sus fotos contribuyeron ampliamente a la toma
del poder de Hitler”.
Existe
una foto de la junta militar de Pinochez, tomada el 19 de septiembre de 1973,
ocho días después del golpe contra Allende, tomada por Chas Gerretsen,
que no dejaba lugar a dudas de cuales eran las intenciones de los generales,
pose dura, frontal, mirada desafiante tras gafas oscuras,… Supongo que
esa imagen, a los perseguidos les produce pavor e intimidación. Por
el contrario a los partidarios del carnicero les debe aportar placer y confianza
en la misma proporción.
Así como
los antitaurinos muestran infames “golletazos” a la puerta de
la Ventas y de la Monumental, otros se quedan con una “media” de
Paula. Durante la II Guerra Mundial existió dos tipos de compromiso
entre los fotógrafos: el de Capa y su lema “Utilizo mi Leica para
combatir el fascismo”, y el de Hoffman que supo interpretar a la perfección
la ideas de su cliente porque las compartía plenamente. En la postguerra
mundial, los aliados se hicieron cargo de los ministerios de defensa, interior,
exterior, y de… cultura. Sabían que algo tan importante no se
podía dejar en cualquier mano.
Lo
primero que aprendieron los norteamericanos tras el fracaso de Vietnam,
fue no permitir fotógrafos independientes en las contiendas,
solo los que acepten fotografiar lo que se les indique y cuando se
les indique. Llegaron los felices 60 y 70, la cultura POPular entendió que
la imagen no era tan importante mientras se ocupaban de cantarle al
amor libre. De ahí la diferencia entre la imagen de los dictadores
y el insufrible muermo visual, cromático y simbólico
de una democracia avanzada.
Desconcertantes
resultan las campañas electorales desde que se impuso la chaqueta oscura
y la corbata. Si un extraterrestre aterrizase en nuestro país en plena
campaña electoral (ya sea presidencial, autonómica, o local)
y desconociera completamente las siglas partidistas, viendo los carteles anunciadores
no encontraría ninguna referencia o pista ideológica que le haga
decidir el voto. Antes, al menos, contábamos con la chaquetilla de pana
de Felipe. Ahora la diferencia (visual) entre izquierda y derecha
está en un ligero matiz en el tono de la corbata.
Frente
al debate de si la fotografía siempre miente o si dice la verdad, creo
que por si misma no hace ni lo uno ni lo otro, simplemente se limita a registrar
lo que ponemos delante del objetivo. Ahora ya, lo que ponemos o dejamos de
poner y su posterior utilización es algo que compete al fotógrafo
o al editor, pero la fotografía es inocente. Como diría Bruce
Lee, la fotografía es como el agua, la puedes enturbiar y ensuciar,
pero la imagen sigue siendo pura, my friend.
Antonio
Jesús García
(Publicado en el diario La Voz de Almería el 21de Diciembre
de 2006)